jueves, 19 de abril de 2007

Del Travesaño

Paradojas de la vida. Mirá.
Un arquero se ve involucrado en un escándalo de apuestas ilegales. Aparentemente los apostadores intentan adivinar el resultado de los partidos y de acuerdo a ello cobran mucho, poquito o nada.
Las sospechas insinúan que no encontraron mejor método para asegurarse que tal o cual equipo pierda 3 a 0 que darle una pequeña pero no despreciable comisión al arquero.
La gente se quedaba azorada viendo como el sospechado arquero era vencido cada fin de semana de manera inusual para su calidad profesional.
Entonces estalló la bomba.
Lo separaron del plantel, lo acusaron formalmente con la policía y lo investigaron.
El arquero, en cuanto se lo permitieron, salió a viva voz a gritarle al mundo su inocencia. Dijo que jamás había vendido ningún partido ni se había dejado meter ningún gol. Insistió en su total desconocimiento del mundo de las apuestas ilegales. Y en el entusiasmo de la autoarenga gritó que si le llegasen a encontrar algún tipo de relación con ese negocio sucio, estaba dispuesto a que lo colgasen en la plaza mayor.

El tiempo pasó y la investigación no pudo probar nada que lo involucrase.
La paradoja es que la barra brava de su equipo consideró que si no era por tramposo que le hacían goles tan tarados, era por burro; finalmente lo fueron abuscar a su casa y lo colgaron de la plaza mayor.

2 comentarios:

Fodor Lobson dijo...

¿y qué pasó con el travesti?
cuack

Gasper dijo...

La profesión de arquero no es para cualquiera.

Se encuentra con once tipos que se la quieran meter (como sea), y encima tiene que permanecer durante noventa minutos debajo de un travesaño.