sábado, 19 de mayo de 2018

Nueva Novela

Yo sé que debe quedar algún extraterrestre como yo, que todavía tiene un reader de RSS y sigue los blogs de la vieja época. Si alguien en el espacio exterior está leyendo esto, sepan que venimos en son de paz!

Era solo para avisarles que se den una vuelta por aca, porque mi quinta novela (que en realidad es la cuarta, pero se le coló una antes en esto de ver la luz) va a salir a la luz.

La voy a editar en forma totalmente independiente y autogestada. Copias limitadísimas. Quiero experimentar esa sensación del "se agotó la primera edición" :)

Aquí la tapa. Que esta vez fue autogestada.




miércoles, 28 de marzo de 2018

Mi Mamá Tenía Razón

"¡Ojala se queme esa maldita televisión". Es una de las frases que más escuché en mi infancia. Mi vieja odiaba la TV, por varias razones: primero, porque con mis hermanas nos peleábamos cuando ellas querían ver una novela y yo alguna otra cosa. Segundo porque nos pasábamos horas mirando tele. Así de fácil. Y así de imposible era de entender para nosotros. ¿Qué mejor que hacer algo divertido durante todas las horas que sea posible?
Los domingos, por ejemplo, Soldán copaba el living con Domingos para la Juventud y no había quién lo saque. La Pantera Rosa a las 20, era una fija. Los dibujitos, los programas de Sofovich, El Rafa con Alberto de Mendoza, Música Total, Todos los Goles, El Mundo del Espectáculo con sus películas a las 22:00  y un infinito etcétera.

A mí me costaba entender qué clase de infancia había tenido mi madre sin televisión. Me contaba que se ponían todos al lado de la radio para escuchar el "Radioteatro". Me parecía una tontería y no tan diferente de ponerse todos frente a la TV, con la diferencia que nosotros ¡podíamos verlo!

Tiempo después, cuando fuimos grandes y padres, nos empezamos a preguntar si las profecías de mi madre se habían cumplido y si la TV nos había arruinado la vida. Y no. Eso decimos siempre: "Tan mal no salimos, che!". Nos creemos adultos comprometidos con la sociedad, dedicados a nuestros hijos y parejas, respetuosos con nuestros padres, etc.

Pero no. Salimos mal. Muy mal.

Para empezar, ya de movida no veíamos la desventaja en poder "ver" el radioteatro en vez de imaginarlo. Esa diferencia que hay entre leer un libro o ver la película. Esa posibilidad de darle a tu cabecita la chance de imaginar como se le de la gana la cara de la protagonista, o del malo de la historia. O cómo era la casa donde transcurría la historia. Ahora la tenés servida en bandeja.

Para seguir, el estar "como un zombie" frente a la tele, actividad adictiva como la peor droga, nos hizo convertir en zombies adictos que nos dedicamos la vida entera, el mundo entero, a conseguir más de lo mismo: que estemos frente a una pantalla. O acaso no llegamos al límite de tener una pantalla en el puto bolsillo para mirar "tele" cuando querramos? Telefonos, tablets, en el avión, en los trenes, en el cajero automático, en migraciones. Donde quiera que vayas hay una pantalla esperándote porque todos saben que pantallas brindan felicidad. Hasta en la salida del baño aeropuerto hay una pantallita para que marques si tuviste una experiencia placentera del 1 al 5.
Los negocios de ropa tienen pantallas con videos todo el tiempo. Los bares ponen música pero a la vez tienen pantallas que pasan OTROS videos con volumen en cero que nada tienen que ver con la música que se escucha en el bar.

Claro, muchos (como yo) nos vanagloriamos diciendo "yo no veo tele". Si, claro, no vemos los canales abiertos, no vimos a Tinelli, etc. Pero estamos frente a la PC, o a la tablet, o al puto telefonito.

Salimos mal.

Nos comunicamos cada vez menos a pesar de que nos comunicamos más. Eso creo que ya todos lo entendimos. En mi último cumpleaños recibí 5 llamadas telefónicas, 60 mensajes por whatsapp y 140 por facebook. ¡Y un mail de Recursos Humanos de mi trabajo! Estamos mal eh.

La tele se nos metió en la sangre y hoy en día el mundo entero dedica todos sus recursos a hacer series (comparemos Games of Thrones con Petrocelli o Hechizada), realities, applicaciones, pantallas más grandes, con conexión a internet. El celular es el centro de la vida de muchísimas personas, que si lo pierden, es la peor noticia que les podés dar en el mundo.

Perdimos la capacidad de concentrarnos en la lectura de un texto por más de 10 minutos seguidos sin que se interrumpa con una notificación de alguna aplicación. Dejó de importarnos si nuestro hijo sale al parque o si se queda jugando con el celular. Nos consolamos convenciéndonos de que salir al parque una vez por semana está bien, o que corra en el recreo del colegio. Deshumanizamos todo. Desde el nacimiento de la tarjeta electrónica de cumpleaños en los 90 (¿se acuerdan?) hasta mandar un whats en vez de escribir una notita. Escuchamos orgullosos a padres que dicen que sus hijos de 6 años ya saben instalar aplicaciones en el celu mientras piensan que tienen al próximo Bill Gates en casa y en realidad lo que tienen es una ovejita más del rebaño. La más obediente.

Salimos mal y vamos peor. Porque nosotros nacimos con dibujitos que daban de 10 a 12 y de 18 a 20. Hoy entre los canales de cable 24/7 y Youtube, un chico puede vivir toda su vida viendo dibujitos. No hay que pensar nada ni saber nada porque está todo "ahí". Y si dedicásemos esa facilidad de disponer de los datos para crear algo más grosso con ese ahorro de tiempo, entonces sí estaría bien. Pero no. Usamos ese tiempo para... entrar a facebook y mirar las tonterías que hacen los demás. Incluso gente que no conocemos.

Sí... nos gusta decir que no, pero salimos mal. La tele nos pudrió el cerebro y ahora en forma exponencial, estamos pudriéndole el cerebro a las futuras generaciones.


lunes, 26 de febrero de 2018

Las Calles de Mi Vida

Proyecto: listar todas las calles en las que viví en mi vida y tratar de encontrar una correlación entre el nombre de la calle y su origen, con los tiempos y cosas que me tocaron vivir en esa casa.

Aquí va.



Nací en Buenos Aires. Mi primera casa quedaba en la calle Maipú. Calle que homenajea una famosa batalla comandada por San Martín en la independencia de Chile. También al abrazo fraternal entre el chileno O'higgins y San Martín, festejando una independencia sudamericana que se venía con todo. De chico en esa casa yo iba, venía, salía en bici, andaba por el barrio, jugaba en la calle, iba al club. Independencia.


Luego voy a pasar mi adolescencia y primeros años de adultez a la calle Pringles. Casualmente o no, la calle homenajea al Coronel Pringles, que también fue un activo militar que luchó en las guerras de la independencia de la República Argentina. Luego peleó sin descanso y hasta el final, en las guerras civiles argentinas. Años de pelearla con pocos recursos y aun así siempre intentar salir adelante. Secundaria y primeros años de trabajar y estudiar. Toda una lucha, con la Independencia económica como premio. Sí, también se podría decir que los primeros años en Pringles, años de corazón destrozado y enamoramientos no correspondidos, fui un poco papafrita, lo acepto.
 




Me mudo a la calle Sanchez de Loria. El tal Mariano fue un abogado, político, y posteriormente sacerdote. Una vez más relacionado con el mismo tema: fue partícipe del Congreso de Tucumán que declaró la Independencia de Argentina. Su vida dio muchas vueltas, emigró de su Bolivia natal a Argentina, luego volvió a Bolivia, buscando su destino. En la calle Loria fue donde luego de dar muchas vueltas por varias embajadas, fue cuando decidí irme a vivir a Israel.




Llego a la calle Tagore, primera residencia temporaria en el norte de Tel Aviv, Israel. Rabindranath Tagore fue un artista, escritor, músico, que llegó a ser premiado con el Nobel de Literatura. Fue el primer no-europeo en lograr ese galardón. Música, canciones, libros escritos por un "extranjero": toda una premonición de lo que se vendría en la nueva tierra.
 


De allí me mudo a la calle Bar Ilán. Mi primera casa formal en Israel. Meir Bar Ilán fue un rabino ortodoxo que activó fuertemente por el sionismo y el establecimiento del Estado de Israel. La misma sensación que tuve al instalarme por primera vez en mi casa en la Tierra Santa.

 




Llegamos a la primera casa propia en la calle Habanim. Habanim significa "Los hijos varones". En esa casa nacieron mis tres hijos varones. Más claro echale agua, ¿no?



Luego, grandes cambios en mi vida. Divorcio y vuelta a barajar. Mi primera vivienda queda en la calle Nurit, que es una flor. El florecimiento de una nueva vida. A pedir de boca.


 




Corta estadía y mudado a la calle Haemek. El Valle. El Valle es una transición entre esas altas y bajas. Tiempos emocionalmente vertiginosos que tienen en el valle la efímera estabilidad ciclotímica que caracterizó esa época.




Nuevamente una casa propia en Hagalil. Dos acepciones que aparentemente se contradicen pero encuentran sentido en mi vida. Por un lado, se usa el término "mitgalguelim", que proviene de la misma familia de palabras de Hagalil, para decir que alguien va de un lado a otro sin un patrón definido. Por el otro, Hagalil invoca a una zona del norte de Israel. Y así fueron esos cinco años en los que mi vida dio ciertos rodeos hasta encontrar finalmente mi "norte".



Mish'ol Ahava. El Camino del Amor. ¿Qué mejor calle para empezar un nuevo hogar con un nuevo matrimonio? Todavía no me mudo pero ya puedo saborear el dulce gusto de los años que nos esperan y que traigan todo lo que prometen. Como lo soñé durante todos estos años.
Amén.
 



PD: ahora hacé la tuya eh!