jueves, 19 de junio de 2008

Hechos Mierda

Recuerdo que una vez Mariano Grondona dejó hablar 20 minutos al Ex Almirante De Facto Massera, en vivo, por televisión, haciendo una apología descarada del accionar del proceso. Sin ahondar en el caso (ya tengo náuseas), lo que se criticó -también- fue la complicidad de Grondona al darle semejante espacio.

Ahora, bajando unos cuántos pisos en el edificio del dramatismo, me vengo a acordar de eso cuando pasa por mi lector de feeds, en el canal de La Nación, una nota que dice que los floggers imponen un nuevo paso de baile.

Ya me pareció raro que un flogger (que seguro pasa 23 horas del día sentado frente a una PC) pueda ser capaz de bailar. Entonces fui a ver la nota (y quizás ese fue el hecho más triste de este post) y vi el videito. El (o la) flogger que bailaba lo hacía sin mostrar su cara. Bueno, se sabe que esa cara es de dura para arriba, pero al no mostrarla nos da una idea de lo triste de todo el asunto.

La nota la leí renglón por medio, y párrafo por medio. Es como las novelas: con verla una vez por semana seguís entendiendo de qué se trata. Pero habla de cosas como "imponer un paso de baile".

Sumaricemos las cosas tristes que hemos transitado con pena en esta experiencia: floggers que bailan, se transforman en noticia, bailan mal y moviéndose muy poco, dicen que ese estilo se impone(!), no entendemos por qué tienen que imponer pasos de baile personas que tienen en común algo que nada tiene que ver con la música ni el baile.
Y lo peor de todo no lo hemos dicho aún: hay alguien responsable de un medio como la Rolling Stone Argentina (iba a gritar "ar-gen-ti-na" como en la cancha pero me contuve) que le dio lugar a semejante nota.

Sí, ya lo dije más arriba, más triste aún es que yo haya leído parte de esa nota y visto salteadito el video. O quizás lo más triste es que me haya convertido en esos adultos que despreciaban todo lo que yo hacía a la edad de esos floggers, diciendo que era un ridículo, y yo los miraba torcido pensando que eran unos viejos de mierda. Entonces si eso es cierto no me va a quedar otra que pensar que esos viejos de mierda tenían razón, y que yo era un reverendo pelotudo. Porque de lo contrario voy a tener que aceptar que me convertí en un viejo de mierda. Y eso no se lo acepto a nadie. Ni siquiera a Mariano Grondona.

3 comentarios:

M. (Una Ramera) dijo...

Todos nos convertimos, en algún momento de nuestra vida, en un viejo/a de mierda. Tal vez sea la distancia que se impone entre los adolescentes y los que ya pasamos la era de la boludez.
Yo tampoco entiendo el baile del flogger, el flogger en general. Sin embargo se vienen a mi cabeza miles de recuerdos de mi, disfrazada de rollinga, y me tengo que callar de la verguenza.
Supongo que es parte de descubrirse. Lo importante es que quede claro, con el devenir de los años, que nunca seremos Mariano Grondona. Lo demás, son pavadas del momento.

Saludos

tornes dijo...

Es que lo que hacíamos cuando mozalbetes era realmente ridículo. Con el tiempo, la sociedad asimila esas deformaciones y las toma como usuales. Y bajando de a decenas los pisos de la decadencia social, nos encontramos hoy denostando los nuevos comportamientos, y así continuamente...
Y usted, Ramiro, ya es hora de que se corte ese flequillo.

Fodor Lobson dijo...

acéptelo Ramiro, acéptelo

(jejejeje)