viernes, 31 de octubre de 2008

¡Qué Plato!

Durax, toda la vida.
Sí. Hasta que uno realmente se harta y los tira a la basura, enteritos, de puro cansancio.
El problema fundamental es que cuando uno comía asado, debido a ese inconfundible color ámbar translúcido, el juguito de la carne ("¡es sangre, Ramiro, sangre!") no se veía y la sensación era fea.

Alguien tenía que decirlo.

2 comentarios:

tornes dijo...

Si duran toda la vida, ¿qué sucede cuando los compra un anciano de 98 años?

Lucy in the Sky dijo...

Un horror esos platos, qué cosa fea, demasiado ochentosos para mi gusto.