domingo, 8 de noviembre de 2009

El Verdadero Genio

El Fax, el Mail, el chicle Bazooka. Hay muchos inventos que revolucionaron la vida de la humanidad. Y siempre que se hace una encuesta sobre cuál es el más importante, aparece la rueda, la electricidad y varias paparruchadas más.
Pero nadie piensa en el más importante de todos. El que nos da, además de cierto confort, mucho pero mucho placer. Y que se inventó en las condiciones menos ventajosas que pueden siquiera imaginarse. Claro, hoy en día inventar un aparato que comunique a Japón con Villa Celina vía satélite, no es TAN difícil, con toda esa tecnología previa a disposición.
Sin embargo, hace 150 mil millones de años, cuando el hombre era tan primitivo como el alce o la pantera, y tenía casi las mismas costumbres, hizo algo que cambió todo. El hombre (y también la mujer eh! qué tanto!) miraban a su alrededor y veían que los animales se comían entre sí. La pantera se comía un conejito, el conejito se comía un hamster, y el hamster... bueno, el hamster se comía un garrón, pobrecito.
Entonces el hombre le empezó a hincar el diente a todo lo que pudiese cazar. Probó con su esposa primero, pero era un poco amarga :S
Se orientó hacia los animales y fue subiendo la apuesta hasta que se animó a cazar osos y todo.
El gran invento no fue el arco y flecha, tampoco fueron las trampas que utilizó para cazarlos. No, no.
El gran invento de la historia de la humanidad, sin el cual nuestra vida sería miserable, es el bife.
En determinado momento al pitecantropus se le ocurrió poner esa carne roja, chiclosa y fea sobre un brasero que casualmente habían encendido para secar el taparrabos que se le había mojado con la lluvia.
No sabemos si fue se casualidad (como muchos de los inventos de hoy en día) o si fue fruto del pensamiento profundo (no se olviden de que el hombre primitivo tenía mucho tiempo para pensar, no tenía que ir a laburar) pero lo cierto es que la carne se cocina al fuego, se pone negrita, marrón o a lo sumo un toquecito roja para el que le gusta jugosa, y nada que ver con nada. Y ustedes, que flor de bifachos se suelen clavar, ni siquiera saben cómo se llama el inventor de semejante grossez.
Al menos ahora cada vez que se sienten con el tramontina en la mano y cuando se les haga agua la boca, se acordarán de esta historia, haciendo un poco de justicia con los antepasados.


3 comentarios:

LaPaKa dijo...

QUIERO QUE LO SEPAS "TE ADMIRO" profundamente, nunca se me hubiera ocurrido idea mas ingeniosa para dar una clase de historia, sobre los principios de la alimentación y el gran pase del hombre de un estado de pobrez vegetariana a una dieta mas rica previa a la cocción de los cereales, para lo cual tuvo q haberse topado antes con el tiempo para pensar en comer espiguitas y luego en molerlas y luego en cuecerlas....
en fin.
Muy bueno y lo que mas odio de la macrobiótica es q ve mala a la carne y ella conmigo es tan buenita! me sonríe me guiña un ojo y hasta me dice cosas bonitas con tal de q me coma un churrasco!

Besis

josi dijo...

Paka, se agradecen sus palabras :)

tornes dijo...

La mayoría de los grandes inventos derivan de un uso bélico, y éste no escapa a la regla. Don Peter Cantropus le dijo a Lucy: -callate, o te doy un bife!-. Y tuvo que cumplir su palabra.