jueves, 12 de noviembre de 2015

La Anécdota del Año

Dicen que las historias hay que saber contarlas. Espero que me salga, porque esta es la historia del año 2015.
Anoche fuimos al recital de Heather Nova en Tel Aviv. Una divina. Solo que los 3 temas que más me gustan de ella, no los tocó. Y eso que la gente estuvo bien enfervorizada y la hicieron salir 3 veces al terminar el show. Pero no. La muchacha decidió no tocarlos.
Veníamos en el auto con la Vero y le dije "ahora llegamos a casa y te hago escuchar esos tres temas. no entiendo cómo no los tocó".
En casa estaban los grossitos. Los dejamos solos un par de horas, nada grave. Ya son grandes. Al menos el mas grande ya me lleva 5 cm y hace Krav Magá, qué se yo.
Llegamos 0:24 AM. Meto la llave. No abre. Dejaron la traba del lado de adentro. Veo por la mirilla que hay luz. No entiendo. Me preocupo. Después de un par de segundos me doy cuenta de que muchas opciones no tengo. Hay que despertar a alguno. Alrepedo intentarlo a sus celulares: los chicos los ponen en silencio porque toda la noche los jueguitos del orto que juegan les están avisando que alguien les tiró una muralla o que un zombie se cambió las medias o similares. Se me prende la lamparita: tengo un teléfono celular "para la casa" que reemplaza el teléfono de linea de los viejos tiempos. Llamo. Lo escucho sonar. Tiene un ringtone de los más insoportables que puedas pensar. Nada. Silencio de Radio en Yom Kipur. Lo único que se escucha es al perro. Es una buena señal... por lo menos no estamos hablando de un escape de gas! A no ser que Tango se haya aprendido a poner las máscaras que reparte el Ministerio del Interior.
Empiezo a tocar el timbre cual Testigo de Jehová un domingo a la mañana. PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR. Nada. Con la otra mano golpeo la puerta y me animo a un débil "Dylan" para no despertar a los vecinos. Se las hago corta porque esto no llegó ni a la mitad. A los 15 minutos yo pateaba la puerta, cabeceaba el timbre y gritaba desesperado los nombres de los 3 para que alguien de una puta vez se despierte. Justo ayer me lloraban dos amigos que sus bebés dormían mal a la noche y yo les decía lo bien que duermen los míos desde chicos. Pero esto ya era demasiado y me desesperé.
Sale un vecino. Entro a su casa y les grito desde la ventana, que está más cerca de la habitación. Nada. Confirmo que la luz del comedor es la que está encendida. Mientras, Tango, sigue lloriqueando en vez de pegar los ladridos de su vida o de hacer algo... digamos... ¡más útil!
Llamo a la policía. Me equivoco de número. En vez de 100 llamé al 101. Vuelvo a marcar y me preguntan qué pasó. Primera pregunta: "Señor, ¿usted se peleó de casualidad con su esposa?" Me quedé pensando... La miro a la cordobesa y digo.. "no, si hace casi un año que estamos juntos y salvo por los varenikes que se pegaron la otra vez, ni siquiera nos miramos torcido una vez" pero me doy cuenta de que la intención era saber si no me dejaron durmiendo afuera. Le explico la complicada situación marital y me empiezan a preguntar sobre por qué mi ex esposa no tiene mi apellido. Dejá, cuestión, me mandan una patrulla.
A los 7 minutos, en los cuales mi desesperación ya se apoderaba también de mi intestino, llegan un gordito petiso que bien podría ser de la Federal o de la policía de Morón, y un pibe que a juzgar por su acné, bien podría estar en el colegio con mi hijo mayor. El poli gordo hace algo que me demostró por qué algunos tienen uniforme y otros no. Es decir... llamé a la policía para que hagan "algo" y lo que este señor hizo fue... ¡golpear la puerta! Como si no lo hubiesemos hecho. No podían creer que no se despertasen con semejantes golpes.
Llaman a los Bomberos, escuchando mi sugerencia de entrar por el balcón, esperando que la ventana estuviese abierta. Mientras tanto me vuelven a llamar de la poli y me dicen que La Cruz Roja (maguen david adóm) está en camino. Eso me termina de hacer cagar en las patas. Es como cuando te ponen la manito en el hombro antes de sarte una noticia. El cana gordo le dice al flaco que vaya a traer el Kit de no se qué cosa para hacer mierda la puerta.
Yo no doy más y entro a la casa de los vecinos. Creo que todavía ese baño debe estar declarado en cuarentena. Salgo y en el pasillo ya hay 10 personas: 3 bomberos y 3 de la cruz roja se sumaron.
Todos preguntan lo mismo: como puede ser que no se despierten y el de acné saca libretita de CSI y me empieza a pedir identificación. Ya me siento acusado. Me mira cono diciendo "flaco, esto  no huele bien y ahora sos sospechoso".
Un bombero más atlético, ignorando nuestra sugerencia de la escalera me pregunta a qué altura está la traba mecánica de la puerta. Le digo y me imagino lo mucho que va a arrugar si se quiere hacer el macho. Aunque el tipo ahí nomás peló patada voladora y quiso tirar la puerta. Esta historia sería genial si lo hubiese logrado. Pero la trabita esa que siempre me preguntaba si era lo suficientemente firme, se la bancó estoicamente.
El kit rompepuertas no llegaba y el debate empezaba a preocuparme. "¿por qué no ladra el perro?" era la peregunta más repetida del momento. Y la cordobesa tratando de explicarles que si bien es un boxer, es medio cagón y seguro está escondido del miedo. Las miradas de los profesionales de las emergencias ya me tenían mal. Me imaginaba lo peor. Yo te lo digo: ninguna persona normal no se despertaría después de semejante kilombo. Los golpes que dieron en esa puerta son peores que los de Estado que se perpetraron en argentina. Yo ya había perdido la calma y el optimismo.
Finalmente el Bombero rompepuertas me dice que por qué no intenté entrar desde la casa del vecino. Le dije que estando en un quinto piso, podría ser una buena idea, y de paso llamamos a la Ambulancia, que es lo único que nos faltaba para tener el congreso anual de los trabajadores de emergencias.
Empezó a tocar el timbre hasta que la otra vecina (la de al lado) salió. No soy tan buen escritor como para describirles la cara de la pobre Limor. No entendía nada. Había 10 tipos en el pasillo y sus ojos como dos aceitunas negras. Lo primero que dijo fue "pensé que estaba soñando...". Yo creo que poe un momento pensó que eran strippers disfrazados que se iban a sacar los trajes de un tirón y le iban a empezar a bailar.
Le pidieron permiso para entrar por su balcón. Dijo que sí. El Bombero se manda. Va, asoma la cabeza y vuelve. "Le tengo miedo al perro ese. ¿Muerde?". Plop. Esta historia tenía que terminar bien porque si no lo iba a tener que cagar a trompadas. Vero lo empieza a llamar a Tango desde la puerta para alejarlo de la ventana. Si supiese que lo único que muerde ese perro son pelotas de tenis...
El tipo entra. Yo me imaginé que iban a avalancharse hacia adelante los de la cruz roja para ver que esté todo bien y que al mejor estilo policía de TV a mí me iban a sostener entre dos diciéndome "espere aquí, no puede pasar!"
El Bombero abre la puerta y yo pico en punta sin resistencia alguna. No veo nada extraño ni cadáveres. La teoría de que Tango tuvo un exorcismo y se comió a mis hijos se desvanecía. No podía ser que hubiese limpiado todo. Igual alcancé a ver de reojo que ninguno de los chicos pasó un trapo en la mesa y había pedacitos de zanahoria. Adam es medio bardero para comer a veces.
Entro como una tromba en la pieza de Dylan. Aun sin prender la luz, grito "Dylan!" y el muchacho salta por el aire, cae sentado en la cama en una pose -hay que decirlo, estuvo rapidísimo- de defensa de Krav Magá. Para algo sirvió tanta remera transpirada, porque cuando vuelve de entrenar, te digo, esa remera se tira. Le digo "soy yo" y él: "Uadefak?!"
Le explico, le digo que vi luz y me asusté. Te la dejé para que no te tropieces al entrar, me dice haciendo uso de una lógica que me pareció inadecuado cuestionar mientras me replanteaba toda mi vida en 30 segundos. De pronto recordé que había otros dos hijos por chequear. Porque si uno no se despierta aunque le estén tocando un tema de Marilyn Manson al lado, no significa que los otros tampoco. Y ahí estaban los otros dos. Jamás se despertaron hasta las 6.50 AM de hoy para ir al colegio. El teléfono de Eitan decía que estuvo en Whatsapp a las 0:28 AM, dos minutos antes de que lleguemos, pero él jura que se fue a dormir 21:20 (coartada apoyada por Dylan) y todavía no entendimos por qué el wasap mintió, pero eso, me olvidé de contarles, me había hecho cagar más de miedo mientras esperábamos afuera.
A todo esto, Tango jugaba en el pasillo con los 10 polibomberos que ya se iban retirando mientras le preguntaban a Vero si podíamos ir a enseñarles a domicilio como se hace para que los chicos duerman tan bien a la noche.
Ahí nomás me derrumbé en una silla y pude desahogar los nervios de 40 minutos terribles que no se los recomiendo aunque los cuente como una linda historia. La cordobesa me trajo un té y le dije al rato, vení, vení que te hago escuchar el tema de Heather Nova que te había dicho. Un tema precioso, suave. Lo escuchó un poquito y se fue a la cama. Me dejó solo un ratito con mi té. La música bajita me iba tranquilizando un poco y dejé de moquear. De pronto se escucha de la pieza de Dylan: "Pá, ¿podés apagar la música? ¡son la una y media y estoy tratando de dormir!"
Cría Cuervos...
PLOP.
Cae el Telón


2 comentarios:

Juan Lucas Pezzino dijo...

Macho vos si que sabese contar. genial.

Gusty dijo...

Buen relato.
A mi me asusta un poco leer esta cosas y me alegra que esté todo bien.