lunes, 6 de agosto de 2012

Festejo Olímpico

Festejar mientras se pueda.
Ese es uno de mis lemas.
En las olimpíadas, especialmente en natación, (es lo que me toca ver en los mediodías) uno ve a los que ganan la carrera esperar con la cabeza en el tablero oficial, con nervios por ver si les descontaron un segundo o dos por no tocar el borde o por tener el gorro mal puesto. Y luego de esos 4 o 5 segundos, ahí sí, levantan el puño y festejan.
Boludos.
Claro que hubo uno o dos que ganaron la carrera pero los descalificaron y se fueron con nada.
Pero si hubiesen festejado, a lo loco, tirándose de bomba y sintiendo esa adrenalina que te sale por las antiparras, ese sentimiento único de saberte dueño de una medalla de oro olímpica, no se los sacaba nadie.
Todavía me acuerdo cuando en el mundial 2006, contra méxico, no se quién metió un gol y nos pusimos 2-0 (estoy hablando de Argentina). Lo grité como loco, me colgué del balcón y grité hasta la afonía (en aquel entonces tenía esperanzas) y después veo que el referi lo anuló. Ok, un poco de decepción, quizás la misma que la que tuviste vos cuando viste que el lineman levantó la bandera. La diferencia es que yo tuve 45 segundos de felicidad orgásmica, de grito desaforado, de alegría incontenible. Y eso lo viví. No me lo contó nadie.
Si yo te digo "hacé de cuenta que acabás de ganar la medalla de oro en lanzamiento de jabalina", harás una morisqueta, saltarás al grito de "vamos!" pero sabrás que es mentira.
Lo importante es festejar mientras se pueda. Y después, vemos.
Y ni vos ni el comité olímpico lespueden quitar esa felicidad, aunque dure 5 segundos.

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